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Un estudio de la revista científica PMA advierte que el 56% de las regiones del país podrían dejar de ser aptas para el cultivo por el aumento de las temperaturas. Se alarga el verano, aumentan los días de calor, pero el vino español no da tregua a los avatares del clima adaptando técnicas y tiempos y, sobre todo, observando la mitad de la copa llena para que el vino siga siendo la estrella nacional.

En la atalaya del norte, la D.O. Navarra da batalla

«En algunas regiones la situación es muy preocupante», comienza David Palacios, presidente del Consejo Regulador de la D.O. Navarra, quien al mismo tiempo celebra que ellos cuenten «con una ubicación estratégica y privilegiada en el norte de la península ibérica que alberga algunos de los viñedos más septentrionales». Como en muchas partes del país (y del mundo) este año 2020 en Navarra la vendimia ha llegado antes de lo previsto. Según Palacios «estamos viviendo una de las vendimias más tempranas de la historia de nuestros registros».

En una D.O. en donde más del 70% del viñedo lo ocupan las variedades autóctonas, Palacios defiende y destaca la adaptación que tiene la Garnacha en la región a las condiciones climáticas que se están viviendo actualmente. Y agrega que una de las decisiones que toman los viticultores es la provisión de sistemas de riego para paliar los efectos adversos de los períodos de sequía prolongados «para poder obtener una maduración perfecta». Y agrega que es importante el correcto manejo del suelo que también se va adaptando a las nuevas condiciones de lluvias torrenciales o la ausencia total de precipitaciones.

Foto: D.O. Navarra

Además, en Navarra se generaliza la vendimia nocturna no sólo para las variedades blancas sino también para las tintas. «Así recogemos la uva con temperaturas más frescas lo que repercute en la elaboración del vino y también en evitar un consumo energético en la bodega para enfriar la uva», destaca Palacios.

¿Y los vinos? «Vamos viendo cómo presentan una graduación alcohólica y una maduración de las bayas mayor. Por eso, insistimos en que nuestra atalaya del norte nos permite paliar en mayor medida los efectos adversos del cambio climático que si tuviéramos otras circunstancias».

En la D.O. Monterrei, todo se transforma

Para Natalia González, técnica de promoción del Consejo Regulador de la D.O. Monterrei, «la influencia del cambio climático se traduce en que los vinos tienen unas graduaciones alcohólicas más elevadas y acideces más bajas, teniendo más carácter  continental que atlántico». Claro que ya es casi redundante hablar de adelantamientos de vendimias (en la D.O. hace unas décadas no empezaban antes del 15 de septiembre y este año ha arrancado la  campaña el 27 de agosto) pero este ajuste los obliga a modificar los métodos de trabajo en la  viña. Según González se están aplicando medidas que van desde dejar cubiertas vegetales en el viñedo, pasando por controlar las masas foliares, a realizar podas más tardías para retrasar la brotación e intentar salvaguardar a la planta de las heladas primaverales.

Foto: D.O. Monterrei

En la D.O. también apuestan por portainjertos más vigorosos, por cepas de ciclo largo, por nuevas plantaciones en altitudes más elevadas y, obviamente, por iniciar la campaña de vendimia antes para conseguir vinos más equilibrados. «Debido a las extremas condiciones climáticas, el estrés hídrico debilita a las plantas, con lo cual son más propensas a sufrir plagas y enfermedades, por lo que se  debe incrementar el control», apunta la  técnica de promoción.

Pero claro que no todo está perdido, ya que los vinos se adaptan al entorno y actualmente la D.O. ofrece vinos blancos más maduros, «con una pequeña pérdida de frescura y un carácter más continental», mientras que los tintos tienen más color, cuerpo y graduación  alcohólica, «aumentando las aptitudes para ser sometidos a procesos de envejecimiento en barrica».

En la D.O. Utiel-Requena, también hay buenas nuevas

Diego Pérez, director técnico de certificación del Consejo Regulador de la D.O. Utiel-Requena compartió un informe que realizaron hace un par de años con la Fundación Empresa y Clima para fomentar la transferencia de conocimiento y movilización de todos los actores involucrados para impulsar la adaptación a los retos que plantea el cambio climático al sector de la viña.

Según los resultados que arrojó el informe VIN & ADAPT II, el 77% de los viticultores encuestados considera que el cambio climático ya los está afectando y el 16% que lo hará en un futuro próximo. Algunas de las señales que observan con mayor claridad son el aumento de temperaturas y la disminución de precipitaciones que ya algunos prevén que no solo alterará las características de los productos sino que también aumentará la vulnerabilidad de las cepas, al mismo tiempo que se reducirán los rendimientos de producción y también se baraja la posibilidad de riesgos en las cosechas en caso de eventos climáticos extremos.

Teniendo información actualizada en la palma de la mano, muchos viticultores ya tomaron medidas que van de la adaptación del calendario de temporada, al cambio de cultivo o variedades pasando por claros y necesarios ajustes en el proceso de vinificación.

Foto: D.O. Utiel-Requena

Otro gran tema si hablamos de los imponderables y cambios del clima es la presencia del agua: un 79% manifestó la necesidad al acceso al agua de riego y un 83% subrayó la posibilidad de tener que realizar la práctica riego. Ya que el acceso al agua sigue considerándose una medida muy importante en un contexto de escasez de agua. Claro, que el agua y otras cuestiones también deja sobre la mesa la necesidad de actualizaciones y revisiones en algunas reglamentaciones.

Pero no todo es mala nueva si hablamos de cambio climático. Más allá de que cada vez que se pone sobre la mesa este tópico siempre aparecen primero todos los aspectos negativos del cambio, Pérez -director técnico de certificación de la D.O. Utiel Requena- también observa el lado positivo de la revolución del clima. «En lo que respecta a la variedad Bobal (N.de la R.: la estrella de la D.O., ya que supone un 70% de la producción total), que es una variedad que no llegaba a alcanzar unos valores elevados de graduación alcohólica, ahora está aumentando bastante. Antes podría llegar a 12,5º y ahora podemos encontrar Bobales con 14/15º sin problemas». Y agrega que también consiguieron «mejorar la excesiva acidez que tenía la uva». Con el clima en plena ebullición, la acidez se redujo bastante y Pérez subraya que ahora se compensan mejor los vinos: «no son tan ácidos ni tan poco maduros y la relación alcohol-acidez es mucho mejor».

Y hay más nuevas nuevas en la D.O. Utiel Requena ya que esta vendimia 2020, según Pérez, ha sido una de las cosechas más grandes de los últimos años. «Aumentó un 10% respecto al 2019, a pesar de haber tenido por desgracia una pequeña granizada que afectó a una zona de la DO». En cuanto a las características particulares del reciente ciclo de la vid Pérez destaca que el invierno y la primavera fueron muy lluviosos, «lo que provocó un desarrollo muy bueno de la vid» y que el verano fue muy seco y con algunas tormentas «que hizo que la uva llegara sana, sin enfermedades ni podredumbres». Esperan tener grandes vinos en este año pandémico que sin lugar a dudas quedará históricamente para el recuerdo.

Gira lento el cambio en la D.O. Rueda

«Hay algunos cambios en el clima y en las temperaturas pero es un cambio lento. No es algo tan fácil de identificar», resume Jesús Díez de Íscar, director técnico, del Consejo Regulador de la D.O. Rueda, quien con sus palabras pone un poco en pausa la avalancha de los avatares del clima.

Al venir poco a poco «las bodegas y los viticultores se adaptan a esos pequeños cambios que se van dando paulatinamente y, que muchas veces, prácticamente no los notamos. Pero hay que adelantar labores, adelantar el ciclo y vendimiar antes».

Foto: D.O. Rueda

Lo que sí ha cambiado es el estilo de vinos que elabora la D.O. Rueda,  una de las pocas zonas vinícolas europeas especializadas en la elaboración de vino blanco con una sola variedad autóctona: la Verdejo.

En el siglo XV o XVI -según Díez de Íscar- los blancos de la región eran vinos licorosos con grandes graduaciones alcohólicas (oscilaban entre los 16º y 18º), con un estilo rancio o dorado. «Tenían ese nivel de alcohol porque era un conservante natural ya que no había el equipamiento de frío que hay ahora para conservar los vinos. Entonces, se los mantenía con grado alcohólico» explica el director técnico de la D.O. En cambio, el Rueda actual tiene un grado menor (con 12/13º de alcohol). Son vinos jóvenes, afrutados con una expresión importante de fruta.

Cambio climático, claro que lo hay. Pero recordemos que no todos los cambios son malos. Algunos cambios que no podemos evitar, pueden ser la oportunidad del nacimiento (en este caso) de nuevos colores, aromas y sabores.

Nota originalmente redactada para Vinetur.

por Mariana Gil Juncal.
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