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Cuando la vid está en reposo, la poda empieza a proyectar la próxima añada directamente desde la viña a la copa.

Una de las postales más buscadas en la viña es cuando los racimos están listos para dar vida al vino, pero antes de que la fruta esté vigorosa y madura, la vid se encuentra totalmente despojada de hojas y de uvas y es justamente en el momento de reposo, cuando llegan los primeros fríos, que la poda es vital para empezar a diseñar los vinos que vendrán.

«La cosecha 2022 la proyectamos desde el inicio de la poda en los viñedos. Allí, se evalúan los resultados obtenidos junto con enología durante la vendimia 2021 y se eligen las parcelas a las cuales apuntamos para cada línea de vino» comienza Franco Bastías, ingeniero agrónomo de Domaine Bousquet, en el corazón de Valle de Uco (Mendoza), donde utilizan básicamente dos tipos de poda: la guyot (también denominada poda larga) en la que normalmente se utilizan materiales con yemas fructíferas del ciclo anterior, con no más de 6 yemas. «Es muy común en zonas de temperatura promedio mayores a la media, lo cual permite una correcta uniformidad de brotación. Y si bien todas las variedades se pueden trabajar con este sistema, es recomendable su uso en variedades de alta tasa de brotación, como Cabernet Sauvignon y Malbec. En Mendoza, no se recomienda este sistema en variedades como Merlot, ya que presenta elevada heterogeneidad de brotación» explica Bastías quien subraya que este sistema se utiliza en las plantaciones nuevas del Valle de Uco, con el fin de promover la autorregulación de las plantas jóvenes. Y el segundo tipo de poda, la poda royat, también llamada cordón pitoneado, es un tipo de poda corta, donde los elementos a utilizar son de dos/tres yemas. «Esta poda asegura una uniformidad de brotación muy cercana al 100%, aun en zonas frías. Por eso en Domaine Bousquet la trabajamos en cerca del 90% de la superficie total, tanto en variedades blancas (Chardonnay y Sauvignon Blanc) como en variedades tintas (Pinot Noir, Malbec o Cabernet Franc)».

Desde San Patricio del Chañar, Neuquén, en la Patagonia argentina, Herman Schroeder, tercera generación de la Bodega Familia Schroeder cuenta que «la poda es una de las tareas más importantes del viñedo, porque nos permite mantener una producción y un equilibrio en la producción desde la uva a lo largo del tiempo. Además nos aporta calidad y sanidad en el fruto». Allí, el momento de la poda comienza con una prepoda y «esto se lleva a cabo cuando llegan las primeras heladas, se terminan de caer las hojas de la planta y quedan los sarmientos expuestos. La pre poda se lleva a cabo mecánicamente con un implemento que se acopla a un tractor y lo que hace es a través de las cuchillas rotativas metálicas cortar los sarmientos a 20/25 cm del cordón. Esto lo que hace es facilitarle la tarea a los podadores que van a entrar después al cuadro para hacer cortes más limpios y rápidos».

En este momento del año lo que se busca, agrega Ramiro Guiroy, ingeniero agrónomo de Bodega Familia Schroeder, es lograr un viñedo equilibrado para sustentablemente lograr uvas de similar calidad o superior para conservar el estilo de vinos que hace la bodega.

«Normalmente empezamos a podar la primera semana de junio (mientras antes, mejor) -subraya Evelyn Hetherington, integrante del equipo de agronomía de Bodega Familia Schroeder- ya que es una tarea que lleva bastante tiempo y se debe terminar antes de que las temperaturas cálidas ‘despierten´ a la planta».

Desde la primera zona de Mendoza, Alejandro Eaton, ingeniero agrónomo de Susana Balbo Wines adelanta que»la cosecha 2022 va a ser un año bisagra porque va a ser la primera cosecha con certificación orgánica en nuestra finca de Agrelo, después de haber estado trabajando ya 3 años de manera orgánica en un período llamado ‘en transición. Si hablamos de poda nosotros trabajamos un solo tipo de poda en nuestras dos fincas para todas las variedades de uva que es la poda llamada ‘mixta´, con pitón y cargador. Y en todos los casos nosotros hacemos guyot doble, salvo un solo sector de Malbec plantado en alta densidad el cual podamos a guyot simple por una cuestión de espacio».

Para Facundo Bonamaizón ingeniero agrónomo de Chakana Wines en Luján de Cuyo, Mendoza, la poda es un momento muy particular ya que es el momento de la definición de la cantidad de yemas con la que la planta va a afrontar el nuevo ciclo. Cada yema le dará origen a un brote y esos brotes son los que darán los racimos entonces para Bonamaizón es muy importante conocer el objetivo que tiene cada viñedo y cada variedad. «En el caso de Chakana lo que buscamos es maximizar la calidad por eso buscamos conocer en cada cuartel y en cada viña el máximo de kilos que se puede producir sin disminuir la calidad. Y en base a esto hacemos una construcción inversa, buscando esos kilos ¿cuántas yemas deberíamos dejar? Esa es la primera definición o proyección de la cosecha en el viñedo sin embargo este objetivo está limitado o condicionado por el estado de la planta que es el resultado de la vendimia anterior. Entonces en las plantas que pudieron crecer bien y que no sufrieron ninguna contingencia dejaremos más yemas pero en plantas que, por ejemplo, fueron comidas por hormigas la cantidad de yemas objetivas se va a reducir con el fin de que la planta se recupere, que no produzca tanta uva y que sea un ciclo de reparación o reconstitución del estado de salud de la planta».

¿Cuál es el mejor momento para podar? Según Bastías, ingeniero agrónomo de Domaine Bousquet, el momento de poda se debe elegir principalmente en base a dos factores:

El inicio del reposo vegetativo (normalmente mayo): se debe comenzar a realizar la poda cuando la planta se encuentra en dormición. Una poda muy temprana con la planta activa puede originar importantes pérdidas de vigor y daños por heladas tempranas.Variedad e inicio de brotación: cada variedad posee un ritmo interno propio lo cual incide en la fecha de brotación. Asimismo, está comprobado mediante estudios realizados que las fechas de poda más tardías retrasan el inicio de brotación. Y brotaciones más tempranas conllevan el riesgo de afrontar daños por heladas tardías, lo cual afecta en mayor o menor medida la producción de la vendimia siguiente.

«Es por esto que variedades de brotación más tardía como Malbec o Carbenet Sauvignon se podan en primer orden, mientras que variedades de brotación más temprana -como Chardonnay, Sauvignon Blanc- se podan al final del proceso, tratando de realizar esto lo más cercano posible al inicio de brotación» remarca Bastías.

Eaton, ingeniero agrónomo de Susana Balbo Wines es más radical: «El único momento para podar es el invierno. Si bien después se pueden hacer trabajos en ‘verde´, no serían estrictamente de poda. En nuestro caso nosotros hacemos la poda con el fin de regular la carga de la planta, es decir, los kilos de uva que obtendremos el año que viene, y se realiza en invierno. En el caso de uva Chardonnay de nuestra finca de Gualtallary, tratamos de podar la planta a final del invierno o ya incluso iniciada la primavera, justo antes de la brotación para intentar que de ese modo se retrase su brotación; porque el Chardonnay suele brotar muy temprano, lo que lo vuelve sensible a las heladas tardías en primavera. Con una poda tardía, intentamos retrasar unos días la brotación del Chardonnay y evitar la exposición a las heladas tardías de primavera».

Entonces ¿qué importancia tiene la poda? «Particularmente es la actividad del año que más me gusta de todas. En ella, la calidad de ejecución, la planificación y el nivel de detalle son sumamente importantes, ya que la poda es el primer marco estructural bajo el cual trabajaremos junto con la planta durante todo el ciclo. Si se piensa en viñedos orgánicos, es nuestra primera defensa cultural para obtener una materia prima con una sanidad óptima y natural» concluye Bastías, de Domaine Bousquet.


Nota originalmente redactada para Vinetur .

por Mariana Gil Juncal.
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